El agotamiento del ozono se ha visto confirmado de manera dramática mediante el "agujero de la capa de ozono" en el Antártico descubierto en 1985, así como las observaciones efectuadas a partir de entonces del agotamiento del ozono en las latitudes medias y altas. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha venido haciendo frente a esta cuestión desde 1977. Bajo los auspicios del PNUMA, en 1985 los gobiernos del mundo concluyeron el Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono. Mediante este Convenio, los gobiernos se comprometieron en proteger la capa de ozono y cooperar recíprocamente en la investigación científica para mejorar la comprensión respecto de los procesos atmosféricos.
El Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la Capa de Ozono fue aprobado por los gobiernos en 1987 y se ha modificado cinco veces hasta el presente. Sus disposiciones en materia de control fueron reforzadas mediante cuatro ajustes al Protocolo aprobados en Londres (1990), Copenhague (1992), Viena (1995), Montreal (1997) y Beijing (1999). El objetivo del Protocolo es disminuir y posteriormente eliminar las emisiones de sustancias sintéticas que agotan la capa de ozono.
El texto completo del Convenio de Viena, del Protocolo de Montreal y sus enmiendas están disponibles en la Secretaría del Ozono.
https://www.unep.org/ozone/spanish/treaties-sp.shtml
¿Por qué está amenazada la capa de ozono?
Al ser liberados en el aire, algunos productos químicos muy estables fabricados por el hombre, que contienen cloro y bromo, se infiltran gradualmente en todas las zonas de la atmósfera, comprendida la estratosfera. Aunque son estables en la atmósfera baja, los productos químicos se descomponen en la estratosfera debido a los altos niveles de radiaciones UV solares, liberando átomos de cloro y bromo sumamente reactivos. Estos participan en una compleja serie de reacciones que conducen al agotamiento del ozono. A continuación se presenta una versión simplificada de las principales etapas del proceso de destrucción del ozono.
Los átomos libres de cloro o bromo reaccionan con el ozono para constituir monóxido de cloro o de bromo, tomando un átomo de oxígeno y convirtiendo la molécula de ozono en oxígeno. Las moléculas de monóxido de cloro o bromo reaccionan con los átomos libres de oxígeno, abandonando su átomo de oxígeno "robado" para constituir más oxígeno molecular y átomos libres de cloro o bromo. Los átomos de cloro o bromo así liberados inician nuevamente el proceso atacando otra molécula de ozono. De este modo, cada uno de esos átomos puede destruir miles de moléculas de ozono, razón por la cual cantidades muy reducidas de cloro y bromo (en 1985 la concentración del cloro en la estratósfera era de 2.5 partes por mil millones) pueden descomponer suficiente ozono como para disminuir de manera significativa la amplia capa de ozono.
¿Cuál es la relación entre el agotamiento del ozono y el clima?
El agotamiento del ozono atmosférico y los cambios climáticos son efectos de las actividades humanas sobre la atmósfera mundial. Constituyen problemas ambientales distintos pero están relacionados de varias maneras. Algunas de las principales interacciones posibles son las siguientes: Los productos químicos que destruyen la capa de ozono contribuyen al calentamiento de la atmósfera. Los productos químicos que agotan el ozono pueden tener repercusiones sobre el balance térmico de la Tierra así como sobre la capa de ozono pues muchos de ellos son gases con efecto de invernadero. Por ejemplo, los CFC 11 y 12 (los dos principales compuestos de clorofluorocarbonos que destruyen el ozono) son gases respectivamente 4000 y 8500 veces más poderosos que el dióxido de carbono (a lo largo de un periodo de 100 años). Los fluorocarbonos desarrollados como sustitutos de los CFC también son potentes gases con efecto de invernadero.
El agotamiento del ozono puede afectar al clima
El ozono es también un gas con efecto de invernadero, y la capa de ozono influye en el mantenimiento del balance térmico global del planeta. Actualmente se considera que el agotamiento de la capa de ozono reduce el efecto de invernadero. Por otra parte, una mayor exposición de la superficie de la Tierra a las radiaciones UV-B debido al agotamiento del ozono podría alterar el ciclo de los gases con efecto de invernadero, como el dióxido de carbono, de un modo que podría acentuar el calentamiento mundial. En particular, el incremento de las UV-B podría suprimir la producción primaria de las plantas terrestres y el fitoplancton marino, reduciendo así la cantidad de dióxido de carbono que absorben de la atmósfera.
Fuente: PNUMA









